الاثنين، 15 فبراير 2010

امازيغ بعيون الباسكية

"امازيغ:الأرض و اللغة".هذا هو العنوان الذي إخترته الجريدة elcorreio عدد الأحد 14/02/2010
Bereberes, tierra y palabra
Comunidades de la etnia norteafricana claman contra el olvido de las autoridades marroquíes, que prohíben hasta nombres en su lengua

El viento sopla gélido y arrastra lluvia que se convierte en finísimos dardos contra la piel. Los hombres se arremolinan alrededor de la escuela y se protegen con sus chilabas de lana, la capucha en pico; debajo, capas y capas de ropa. «Tengo 20 corderos, una vaca y siete hijos», afirma Mohamed Zine Sherif, un amazigh de piel como el cuero. «He construido mi casa con mis propias manos y esto es todo lo que tengo», asegura, y señala el páramo en el que viven la tribu de los Ait Sgugu, en la región de Jenifra, a unos 300 kilómetros de Rabat. Son tierras comunales que se utilizan para el pastoreo. A lo lejos, un rebaño de ovejas camina despacio desafiando al viento.
Es posible que la de Sherif, como las otras 500 familias amazighs que habitan el pequeño pueblo de Azaghar y sus praderas, tengan que marchar de las tierras en las que han habitado generaciones de bereberes. Un proyecto del Ministerio de Agricultura marroquí pretende cultivar en 5.000 hectáreas de este campo comunal atriplex, una planta que servirá de forraje para el ganado. Los bereberes lo consideran una expropiación encubierta. «¿Dónde voy a ir si tengo que marcharme?», se pregunta Sherif, consciente de que sus animales se quedarán sin espacio para pastorear. Otros vecinos que se han congregado junto a la escuela, un edificio que no está construido con adobe, asienten entre un gran vocerío.
Los representantes de las tierras comunales negociaron con las autoridades la cesión del terreno a cambio de poner el pueblo de Azaghar un poco más cerca del siglo XXI. Prometieron carreteras y un centro de salud. Ahora sólo cuentan con una pequeña escuela donde, en cuatro filas de bancas, se apelotonan niños de todas las edades. «Por aquí no pasaban ni los pájaros», asegura Mohamed Mekaui, uno de los representantes que defiende que el proyecto es beneficioso para el pueblo. Gran parte de sus vecinos no está de acuerdo. Se sienten marginados por Rabat, por ser pobres, pero también por ser bereberes. El ambiente se caldea en la reunión.
Pacto verbal
«De lo que se habló en el acuerdo verbal a lo que se firmó en el escrito hay una gran diferencia. Además, muchos de estos hombres son analfabetos o sólo conocen el tamazigh (lengua bereber) y no saben leer el árabe», explica Rachid Raha, vicepresidente del Congreso Mundial Amazigh, una organización que engloba a asociaciones bereberes del norte de África y de la diáspora.
Los grupos de defensa de los derechos de los amazig denuncian que el Gobierno marroquí les tiene acostumbrados a este tipo de acciones. Ni se consulta a los afectados ni se tiene en consideración su situación económica o social. Siete miembros de la tribu de los Ait Sgugu que protestaron cuando comenzaron los trabajos de preparación del terreno, fueron arrestados en enero, aunque algunos fueron puestos en libertad poco después.
La etnia de los amazigh, más conocidos con el término foráneo 'bereberes', se extiende por el norte de África, principalmente en Marruecos y Argelia, aunque algunas poblaciones sobreviven tan lejos como en el oasis de Siwa, al oeste de Egipto. A los amazigh pertenecen los tuaregs, los cabilios en Argelia o los rifeños en Marruecos, a los que perteneció el héroe bereber Abdelkrim.
En Marruecos, las organizaciones amazighs han denunciado tradicionalmente su exclusión por parte de las autoridades, especialmente en lo que a derechos culturales se refiere. Como ejemplo, uno tan simple como el del nombre propio. En el reino magrebí es imposible nombrar a un recién nacido con un nombre amazigh preislámico, lo que les priva de gran parte de su legado cultural. En los últimos años, las autoridades han impulsado algunos proyectos para subsanar estas desigualdades, como el lanzamiento de un canal de televisión en tamazigh, que inaugurará sus emisiones en marzo.
Pero en Azaghar no podrán ver la nueva cadena. El puñado de casas de adobe carece por completo de electricidad o agua corriente. Fatma, madre de seis hijos a sus 36 años, no oculta su miedo. «Hace tres meses se presentaron aquí las autoridades y nos amenazaron», asegura, y explica que incluso se ha interrumpido la ruta del único camión que conectaba el poblado con alguna de las localidades más desarrolladas de los alrededores. «Tendremos que irnos. No sé a dónde».

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